jueves, 23 de mayo de 2013

miércoles, 22 de mayo de 2013

Desconcertante



Al entrar en la plaza me topo de repente frente a un espectáculo insólito: un grupo de niños jugando al fútbol. Siéndolo ya de por sí -niños jugando en la calle un partido en un suelo de granito y una multitud de señales de tráfico como únicos testigos-, lo más insólito no es el partido en sí, sino el desconcertante silencio que reina en la plaza y que casi se mastica mientras el balón rueda entre las piernas de los jugadores dando tumbos inconcretos de acá para allá. 
Seriecitos y formales, casi impávidos, patean el balón sin sentido alguno, con la indolencia propia de quien nada espera de sus actos; se diría que lo hacen casi por compromiso cuando pasa por su lado, como si golpearlo fuera un trámite obligado que se realiza sin ninguna pasión, igual que si trataran de alejar de su lado algo molesto.
El descorazonador espectáculo -he visto a esos niños como adultos vencidos- me ha acompañado mientras cruzaba la plaza a toda prisa buscando escapar de él cuanto antes.
Ese silencio de los niños jugando me ha amargado el día.

martes, 21 de mayo de 2013

Pensar


En mi nuevo puesto de trabajo paso muchas horas muertas esperando, parado junto a bordillos dentro de un coche.

Me acompañan de común la radio y los libros; entre ambos se llevan buena parte de ese tiempo de obligado cumplimiento. Pero lo que más hago es pensar. Y tengo la sensación de que en estos pocos días se me ha despertado de golpe el músculo del pensamiento, que andaba el pobre, sobre todo de un tiempo a esta parte, como escuálido y adormilado.

Ahora, para qué lo he sacado de su letargo, o qué es lo que pienso exactamente, o, yendo un poco más lejos, qué va a resultar de todo ello, es para lo que no tengo respuesta. Ni clara, ni todavía.

Pero lo pensaré, ahora que tengo tiempo.

Coda: ya no hago ese trabajo; ahora estoy mucho más entretenido. 
Aunque pienso menos, eso también.

lunes, 20 de mayo de 2013

Galería de honestos criminales (1)

Los que seguís este blog de manera habitual ya os habréis dado cuenta de la importancia de las imágenes en el mismo; en muchas ocasiones, no es el texto sino la imagen que ilustra la entrada lo que me lleva más tiempo. Casi todas, por supuesto, encontradas en la red, que, entre otras cosas, para eso está.

Como este septeto de fichas policiales antiguas del fotógrafo Nick Dolding que no me resisto a colgar aquí porque me parecen estupendas.

Estupendas, sí, pero a pesar de eso también tengo claro que no me gustaría toparme con ninguno de estos sujetos alguna noche en un callejón oscuro.








En esta última, el retratado parece haberse resistido un algo a la detención, molesta cuestión que los agentes parece que solventaron de manera expeditiva, dejándole un ojo a la virulé. O a la funerala, expresión castiza ésta que siempre me ha gustado mucho.

domingo, 19 de mayo de 2013

Sueño


¿Usted no ha soñado nunca que mataba a alguien -no importa a quién, eso da lo mismo- como si fuese algo real, y luego se levantaba tan campante, mucho más descansado que de costumbre y con una sonrisilla como de satisfacción en los labios?

¿A que sí?

Pues eso.

Y a él lo tenía tan a mano todas las noches…

Además, que ni se enteró el pobre.

Tenía un sueño bien profundo.

sábado, 18 de mayo de 2013

Elogio del pedo



Discurso apócrifo de entrada en la Academia 
 
Señores Académicos, honrado 
al recibir tan alto nombramiento, 
permítanme que mi agradecimiento 
manifieste a los miembros del Jurado, 
y que recuerde al Profesor Pavón, 
y a Don Andrés Gonzalo de la Serna: 
ellos formaron junto a mí La Terna 
para entrar en tan Alta Institución. 
Si resulté elegido fue sin duda 
producto de mi suerte y buena estrella, 
pues tanto a D. José Pavón Botella, 
como al Doctor Gonzalo, por su ayuda, 
mucho les deben mi persona y Obra. 
Por todos es sabido bien de sobra.
             
Esto puntualizado, me permito 
entrar en el discurso, Señorías. 
Mas desearía recordar las guías 
que he consultado para tal escrito. 
Sobre el tema del Pedo, aquí tratado, 
mucho han escrito ilustres pensadores. 
En sus textos hallé sumos valores, 
y justo es ensalzar tan gran legado. 
Me atrevo a destacar los arrebatos 
del códice sutil y malicioso 
que por el siglo XII Don Belloso 
de Córdova escribió: “Sobre los Flatos”. 
O ese otro Anónimo, encontrado en Roma 
que a César se atribuye, titulado: 
“Pedus gloriosus, totum est jiñado”, 
o el más moderno: “Pedos no son broma”, 
que el notable erudito, Don Facundo 
Bernardo de Linares rescatara 
del célebre “Tratado de Guevara”, 
para goce y disfrute de este mundo. 
Sin olvidar cuanto escribió del Pedo 
nuestro insigne Francisco de Quevedo.
             
Pues bien. Sin dilación, ya me aventuro 
en mi “Elogio del Pedo”, preguntando: 
“Señores, ¿Qué es el Pedo?” Y contestando: 
Es sutil mensajero de lo oscuro, 
puntual anunciador de la batalla, 
sigiloso, fugaz, dicharachero, 
la mayor de las veces traicionero 
de la traición mayor, donde las haya. 
Pues casi siempre llega, en mala hora, 
cuando un testigo impide desfogarse, 
y hay que luchar con él, y hay que esforzarse 
por acallarlo. ¡Y al final, aflora! 
¡Y cómo aflora! -digo- ¡Con qué cosa 
sube a la superficie, y se presenta 
sin dar la cara, haciendo que se sienta 
su presencia, patente y generosa! 
Es el Pedo un locuaz y buen amigo, 
que el cuerpo alivia si la tripa suena; 
Pedo, lo mismo cuando chista o truena, 
o abre la puerta por do sale el higo. 
Suele asaltarnos en lugar cerrado, 
donde se aprecia más su quintaesencia, 
y trata por igual a su Excelencia 
-pongo por caso, el Papa- que a un criado. 
Es la justicia el Pedo, pues iguala 
al rico con el pobre sin que importe 
si se comió en posada o en La Corte, 
que viste el Pedo igual traje de gala. 
Un plato popular -pongo por caso 
unas fabes, incluso sin chorizo- 
dan paso a un Pedo poderoso, huidizo, 
generoso, sonoro y nunca escaso. 
¿Y qué decir de toda esa alegría 
que a un buen Pedo acompaña? Ese alborozo 
que siente el viejo, el niño, el hombre, el mozo, 
el clero, la nobleza y burguesía; 
todos felices son ante un buen Pedo, 
pues indica salud, si el Pedo es fuerte.  
Cuando aparece el Pedo, hasta la muerte 
huye vencida por su propio miedo. 
Por eso he de loar, a mi manera, 
con generosidad y verbo exacto, 
la importancia del Pedo, y el impacto 
que causa siempre allá por donde fuera. 
Y en contra de las gentes melindrosas 
que ven al Pedo cual si fuese el diablo, 
al Pedo aplaudo y con el Pedo hablo. 
¡Y dejo aquí dos Pedos como rosas!
             
Ya mi discurso voy finalizando; 
ya, dándoles las gracias, concluyendo. 
Con su permiso, marcharé corriendo, 
pues, Pedo a Pedo, es que me estoy cagando.