lunes, 31 de mayo de 2010

Anatomía (2) Pene-Vagina



Pene. Apéndice colgante del varón de variado tamaño, color y apariencia, objeto de risa incontenible para muchas mujeres.
Dicho accesorio carnal, ante ciertos estímulos externos, bien visuales, bien táctiles, parece gozar de vida propia en los momentos más inoportunos y actuar a su libre albedrío con el funesto propósito de hacer caer en vergüenza y ridículo a su propietario.
A modo de guardia de corps, se hace acompañar de dos hermanos gemelos -medio deformes, peludos- con un aspecto en verdad ridículo.





Vagina. En los mamíferos vertebrados del género homo, objetivo preferente para el macho de la especie en todo tiempo y lugar.
Cálido, acogedor y aterciopelado recinto al que las hembras de la misma niegan el anhelado acceso hasta que a ellas, por la razones que fueren, y que nunca se saben de cierto, les interesa.
Coloquialmente, y en ciertas zonas de la Península Ibérica, enana con erratas (bajina).

domingo, 30 de mayo de 2010

Poema con faro dentro



Poema del amor en verano (Galicia, 1981)

La orquestina en el aire de la noche
y la luz de la luna en las balandras.
Yo cojo su mano y ella
me mira con ojos de agua.
Caminamos por el puerto
junto a buques que se pudren
como muertos de otra época.
Reímos sin motivo.
Nos besamos de pie sobre la arena
y todo lo demás desaparece
bajo la bruma que asciende.
Nada importa más que ese momento.
Yo digo cosas en las que no creo
-te quiero, volveré-
y ella acepta mis mentiras
con una sonrisa en los labios.


Oigo el giro de la luz del faro
perdiéndose sobre el mar en sombra,
el silencio espeso de los peces
en su mundo de salitre y plancton.

El mar nos llama pero no vamos.

A veces me acuerdo de ella.

sábado, 29 de mayo de 2010

Zoología doméstica



"Paquita"

Después de mucho tiempo oculta en sus cuarteles de invierno, hoy he vuelto a ver a “Paquita”.  
“Paquita” es una salamanquesa (o saltarrostros, que dicen algunos) de la que ignoro si es macho o hembra, que se apodera a partir de estas fechas de la pared del patio, y donde no admite rival.
Su primera misión en cuanto hace acto de presencia consiste en reconocer la zona palmo a palmo, establecer su coto privado, recorrer arrogante sus dominios, y despejar el terreno de cualquier posible rival, reptil o no, que proyecte rivalizar con él, o ella, en lo que considera su cazadero.
Nada más encender el farol, se aposta justo en el límite entre la luz y la sombra y pone en marcha uno de sus mecanismos depredadores más eficaces: la inmovilidad casi absoluta. Los demás son la paciencia y la rapidez.
Su bocado preferido son las polillas que despiertan de su descanso diurno en los setos y macetas de los arriates y revolotean, erráticas como bailarinas enloquecidas, alrededor de la bombilla; en cuanto las ve, empieza como a relamerse, a sacar la lengua para limpiarse con ella los ojos en una especie de tic. Sin despreciar, por supuesto, otras piezas menores, pero también apetitosas y nutritivas (mosquitos zumbones, santa teresitas, hormigas con alas…). Que no están los tiempos como para dejar pasar las oportunidades de llenar la andorga.
Y en cuanto alguno de estos incautos, fatigado de tanto vuelo indeciso, se para a descansar y entra en su radio de acción, el resorte de sus patas la proyecta, súbita y veloz, en un ataque mortal.
De diez intentos, al menos ocho culminan con éxito.
Yo creo que “Paquita” es una campeona de lo suyo.

viernes, 28 de mayo de 2010

"lumbre baja" / Tomás Sánchez Santiago



Conocí a Tomás Sánchez Santiago -poeta, narrador, ensayista- a finales de los ochenta en Salamanca, en un encuentro alrededor de la figura y la obra de Aníbal Núñez unos años después de su prematura muerte. Como con tantos otros amigos que conservo desde entonces, nuestro mutuo conocimiento fue propiciado por Ángel Campos Pámpano. Allí conocí también al padre de Aníbal, José Núñez Larraz, tan extraordinario fotógrafo como buena persona.

La secreta labor de cinco inviernos, Para qué sirven los charcos, Calle Feria..., son libros suyos que me han acompañado durante todo este tiempo, libros llenos de aciertos, de maestría verbal, de emoción regalada a sus lectores.
En todos estos años, Tomás y yo nos hemos visto apenas un par de veces, pero siempre ha existido entre nosotros una corriente de afecto inmune a los estragos del tiempo y la distancia.
Una buena prueba de lo que digo son estos fragmentos que hoy traigo hasta mi ventana: textos dispares reunidos bajo el título de "lumbre baja" -así, en minúscula-, una pequeña muestra de aforismos y reflexiones sobre la poesía y los poetas que Tomás me envió en cuanto se los solicité.

lumbre baja

La poesía: ese lenguaje esencial lleno de palabras accidentales.

DESPUÉS DE UN ACTO PÚBLICO
Cuando alguien dice la palabra “poeta” mirando para mí, no me incomoda tanto lo que esa palabra significa (su terrible peso, su extraña memoria) como lo que pudiera significar para la persona que la pronuncia.

ANTOLOGÍA
Cuando algunos abren por su índice una antología, buscan a los que faltan y no valoran a los que aparecen. Es como si para ver una fotografía pidieran el negativo. Mezquinos.

EXTRAÑEZA
El poeta experimenta una doble extrañeza que le invade insoportablemente. A la extrañeza ante la inmediatez convertida en lejanía irreconocible por mor de la mirada se une la extrañeza ante las palabras, que de pronto se invisten de una enigmática oscuridad, de la misma dificultad que tiene un guante vuelto del revés.

PISTA SEGURA
¿Cuándo se sabe en una conversación de poesía quién de todos es el poeta? Cuando hay uno -a menudo el único- que no sabe de qué está hablando y sin embargo acierta.

SOLAPA
“De un modo decisivo, en la obra de XXX como poeta y escritor, emergen la biopoética y la cuentática”. Así dice la contracubierta de un libro de poesía. Estas notas no dejan de inquietarnos con su lenguaje ridículo y pretencioso. Uno ha aprendido a desconfiar de ellas y a divertirse coleccionándolas.

El poeta también existe en lo que falta.

LAS DOS POSTURAS
El retórico: “Qué bien me está quedando”.
El poeta: “Adónde iré a parar”.

LA BIOGRAFÍA DE LOS POETAS
Me admiro al ver el currículo de algunos poetas. Por ejemplo el de éste, de quien me envían un tarjetón espléndido que anuncia una lectura suya próxima: catedrático en varias universidades europeas, profesor visitante en otras americanas, ensayista, traductor, crítico... Sí, muy bien, pero ¿qué garantiza de todo ese flemón biográfico que él sea poeta? También hace poco se podía leer en la prensa de uno que tenía cinco licenciaturas. ¿Pero no estorbará tanto título al poeta? Y es que en la literatura española cuenta mucho esto. Como si un dentista colgase en su consulta el diploma de un curso de acordeón por correspondencia.
P.D.: Como caídas del cielo, leo ahora unas palabras de Kavafis: “A la poesía antigua le otorgaron -puede que los dioses- el don de silenciar la vida de los poetas”. Tomemos nota.

LO MISMO DE OTRO MODO
Es poeta quien siempre está preparado para el abandono de las palabras, y no el que cada mañana sale a buscarlas para llevarlas -lo quieran ellas o no- al papel.

SUEÑO DE POETA
Alzar los ojos al cielo y ver el vuelo nada más, y no el pájaro.

EXPLOSIÓN O RESONANCIA
Ante la aparición de un libro propio de poesía, unos autores esperan su explosión y otros su resonancia, o sea, la persistencia de los poemas más allá del ruido. Cuando parecería que el silencio ya lo había calcinado, entonces el libro se alza y comienza a derramarse sigilosamente entre las cosas. Y esa es su verdadera fertilidad, de la que sólo se untan los que aprestan el oído a los arcos del agua del estanque para escuchar cada vez el ruido de la pedrada.

TEORÍA ECONÓMICA
Es terrible saber muchas palabras. Luego se abre la boca demasiadas veces sola.

OPERA OMNIA
Quiero pensar que en la obra de un poeta siempre habrá una pieza más prescindible que las demás. Él lo sabe y podría eliminarla. Quedaría, así, ya un poema menos. Pero entonces volvería a producirse el hecho: habría de nuevo un poema (otro) que podría desaparecer sin ningún cuidado, pues la compacidad de la obra entera apenas se resentiría. Y el poema caería entonces como un fruto grave.
Así otra y otra y otra vez. Y a cada ocasión un poema menos. Ya solo quedarían dos, y el poeta debería decidirse por cuál salva. Al fin, toda la obra ha terminado por ser prescindible, comparada con ese único poema. Pero todavía un paso más: entre el poema y el silencio, ¿no hay la misma distancia que entre la mancha y el resplandor?

DESEO DE INVIERNO
Ahora quisiera escribir como si se asustaran de mí las palabras.





Y quiero acabar esta entrada con el primer poema de su primer libro, Amenaza en la fiesta, un estremecedor y lúcido texto, precursor y heraldo del magnífico poeta, del gran escritor que Tomás ha llegado a ser.

Amenaza primera

Por donde no debiera
he abierto el laberinto de los años.

Con las manos vendadas
en el fuego del tiempo
y los labios como dos viejos muebles
malvendidos al aire
igual que dos banderas necesarias que vuelan,
bajé la cremallera de la vida
y así me vi, difícil como un fruto
olvidado sin piedad a hostiles seres,

desconsolado de hombros, triste por las caderas,
sin recurso ninguno y en el medio de todo.

No es el tiempo negocio conveniente
y sí trampa mortal, encrucijada
sin ningún remedio como no sea la muerte
ni otra esperanza
que la de embalsamar la luz en la memoria;
y sólo una verdad
pasa constante:

se nos huye la vida de las manos
como un anillo demasiado grande.




Gracias, Tomás, por tu talento y generosidad.

Imagen blanco y negro: José Núñez Larraz

jueves, 27 de mayo de 2010

Los bancos y el dinero




Los bancos

Ya nos lo advertía Thomas Jefferson en 1802:

"Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate.
Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecerán en torno a los bancos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron".




miércoles, 26 de mayo de 2010

Besos


Beso. Poéticamente, palpitación de otros labios en tu recuerdo.
Stricto sensu, un irresponsable e insalubre -y no obstante, placentero- intercambio de fluidos atiborrados de microbios y bacterias.
Considerado universalmente como una de las más dulces manifestaciones físicas de la ternura, en algunas sociedades secretas es equivalente a una sentencia de muerte.


Los micrófonos están siempre a punto como de ser besados.
Imagen beso: Robert Doisneau

martes, 25 de mayo de 2010

Gris




Gris


en la bruma sobre las lápidas,
en aquellos eneros de penuria y niños,
en la luz de las fotografías,
en la dulzura fría de la plata,
en los viejos balnearios de entreguerras,
en la humedad sin fondo de los armarios,
en el humo de los vapores que parten,
bajo las capas de los asesinos.

lunes, 24 de mayo de 2010

El algodón no engaña (6)


Caramelos Sugus, caramelos Sugus,
caramelos Suguuuus, Sugus de Suchaaaard.



Heno de Pravia, el aroma de mi hogar.



Sidra El Gaitero, famosa en el mundo entero.


Ver:Imágenes para el recuerdo.

domingo, 23 de mayo de 2010

Cementerio Alemán (3)



DEUTSCHES RÉQUIEM

En este paisaje
vigilado por las águilas
descansan vuestros restos,
lejos de las guerras
que os trajeron hasta aquí,
aunque os preceda un sendero
de piedras musgosas como runas
y hojas de roble como emblemas:
también el azar determina el mito.
Cementerio, en vuestra lengua,
se dice patio de paz
y tiene el mismo significado
que corte de paz. Así este lugar,
patio y corte de sueños perdidos,
con Gredos al fondo
como un saurio dormido.
Una gran cruz de hierro
extiende su sombra simbólica
sobre vuestras tumbas
cavadas en tierra extraña,
y el fantasma del emperador
os visita a veces
en forma de cisne negro
con las membranas podridas.

Ninguno de vosotros cumplió
los treinta años. Ahora
-sólo nombres y fechas
que evocan nieve y niebla-,
descansáis en una tierra roja
y entre olivos, como nibelungos
en una morada horaciana.
Y las cruces grises de granito
tienen algo de submarino
y uniforme de vuestro ejército,
que habla de estas guerras
que aquí no fueron
-un laboratorio de muerte, Europa-,
y también de vuestra derrota.


José Carlos Llop (La Dádiva)




Imagen Cementerio: Julio Mateos

sábado, 22 de mayo de 2010

Motos y caballos


Motociclismo

Para Ángel Nieto, campeón de 12+1.

Como lo pienso, lo digo: aquel tío era una mala persona, un descerebrao.

Había trucao el escape de la Derbi de mierda que tenía tan solo para putear a los vecinos cuando le salía de ahí mismo.

Todo el santo día calle arriba, calle abajo, a toda leche, jodiéndonos el descanso con ese ruido infernal.

Le metí el palo de la fregona entre los radios.

La hostia fue morrocotuda.

No os digo más que hubo que cambiar la farola, partida por la mitad, toda pegajosa de materia gris.




Mozo de cuadra

Para Víctor Juan Borroy, que también cabalga. 

Tenía la fea costumbre de acercarse silencioso por detrás, palo en mano, a saber con qué aviesas intenciones.

Normalmente, me alejaba al trote dejando atrás al gilipollas con un palmo de narices.

Pero hoy no; hoy, cuando lo tuve a la distancia justa de las ancas, le clavé de golpe las espuelas al percherón.

Fue tal la coz, a dos patas, que le dejó el plexo solar hecho puré.

viernes, 21 de mayo de 2010

Poemas plagiados (2)



Epitafio (10)

"El hijo de la tierra murió cuando se hallaba en camino hacia su planeta natal".

(Anuncio de la revista rusa Nedelia sobre la muerte del cosmonauta Vladimir Komarov*).

*Vladimir Komarov murió el 24 de abril de 1967 a bordo de la nave Soyuz1, que se estrelló contra el suelo durante la fase de aterrizaje en la Tierra. Komarov fue condecorado dos veces con la Orden de Lenin y con el título de Héroe de la Unión Soviética. Sus restos mortales se encuentran sepultados en el Kremlin junto a otros personajes ilustres de la antigua URSS.





Los ojos (18)

"El oficio ha cambiado. Antes se los amortajaba e iban a la tumba completamente vestidos, con toda su ropa interior, incluidas las medias y, por supuesto, con el mejor traje que tenían. Hoy sólo llevan el sudario, una sábana blanca. Hace años, yo me encargué una temporada de dar clase a los empleados novatos para que aprendiesen a vestir convenientemente a los muertos. Aquí había ropa femenina y masculina de todo tipo. Se trataba de ponérsela con la mayor facilidad posible, sin contorsionar al muerto. Era un arte, y lo hacíamos muy bien. No crea que es un asunto fácil vestir a un cadáver rígido.
Los muertos que se entierran en profundidad se mantienen más tiempo “enteros” que los que quedan a poca distancia de la superficie. Siempre son los ojos lo primero en desaparecer. Luego sigue el resto de la cara".


(Declarado a El País por Julián Parra, director técnico de una funeraria de Madrid).




Jonás (20)

"No quiero dejar la mar porque no hay tierra donde buscar la vida. He estado perdido en la mar dos o tres veces. Ni me acuerdo ya. Un pescado me tiró un bocado en la pierna y me la rajó. Me recogieron de la mar desangrado y con un dedo menos. Pero yo, al agua. De la tierra no se puede vivir. Del agua no me saca nadie. Quiero seguir en la mar".

(Confesión de un marinero de Cádiz).


Esteban Peicovich

jueves, 20 de mayo de 2010

Anatomía (1) Orina-Sangre



Orina. Secreción asaz molesta que hay que liberar con regularidad so riesgo de sufrir variados y severos desajustes en una parte muy querida de nuestra anotomía.




Sangre. Fluido escandaloso que tiene que estar encerrado. No obstante, en algunas culturas, la procedente de determinados animales se bebe como alimento en ciertos rituales iniciáticos. En otras, acaso más civilizadas, aunque no estoy muy seguro de este aserto, bien se compacta y se fríe con ajo y cebolla, bien se embute en tripa de cerdo con otros variados ingredientes -vulgo, morcilla- para ser utilizada como aliño y sustancia de pucheros y sartenes.
En este caso, puede tomarse tanto en ración como en bocadillo.



Adendas:

1.- "Picha española, no mea sola."*
*Dicho popular.


2.- "La ensalada y salpicón
hizo fin: ¿qué viene ahora?
La morcilla, ¡oh gran señora,
digna de veneración!
¡Qué oronda viene y qué bella!
¡Qué través y enjundia tiene!
Paréceme, Inés, que viene
para que demos en ella."**
**Fragmento de "La Cena Jocosa",
de Baltasar de Alcázar (1530-1606).

miércoles, 19 de mayo de 2010

125 v



Los interruptores de porcelana con la palomilla de madera pulida por el uso.

Las “peras” de baquelita negra para encender la luz sin moverse de la cama.

Los cables forrados de tela y remendados con esparadrapo surcando las paredes y los techos.





Los “plomos” con el hilillo de cobre que siempre se fundían de noche.

Las tulipas de ganchillo, papel prensa o arpillera.

Las bombillas, tristes y macilentas, cagadas por las moscas.

La tristeza.



martes, 18 de mayo de 2010

Andrés Neuman (El jugador de billar)




El pasado día trece realicé un viaje a Badajoz con un objetivo muy concreto; volver a saludar a Andrés Neuman (a quien había conocido apenas tres semanas antes en el Instituto Cervantes de Madrid) y escuchar la lectura de sus poemas en su propia voz dentro de las actividades del “Aula de Poesía Enrique Díez-Canedo”, una actividad organizada por la Asociación de Escritores Extremeños desde hace casi veinte años. Por allí han pasado desde Antonio Gamoneda (quien inauguró el Aula en un ya lejano 1992) hasta José Hierro, desde Olvido García Valdés a Dulce Chacón, desde Fernando Pinto do Amaral a valter hugo mãe, desde Bernardo Atxaga a Joan Margarit…, entre muchos otros. 116 autores hasta el presente.
Lo mejor de la poesía en español y en portugués del último medio siglo.

Llovía a ratos esa tarde; cuerdas de tormenta entre calma y sol, súbitos chaparrones y una brisa cálida. Dando un paseo, y mojándome de tanto en tanto, me acerqué al hotel donde se alojaba para acompañarle hasta el lugar de la lectura. Hasta allí se acercó también mi querida Isabel Barceló, un lujo de presentadora.

Ya en el MEIAC, donde se realizan tradicionalmente las lecturas del Aula, eficazmente dirigida por Enrique García Fuentes y José Manuel Sánchez Paulete (tanto monta), de una sola tacada, como los grandes jugadores de billar, y entre sabrosas anécdotas, inteligentes comentarios y sabias apostillas, Andrés Neuman nos dejó carambolas como éstas:

Palabras a una hija que no tengo

Entornaré tus ojos si prometes soñarme.
Compréndeme, no es fácil velar por alguien siempre:
a veces necesito saber que tienes miedo.
Cuando sepas hablar, dame mi nombre;
diciéndome papá habrás hecho bastante.
En invierno no abrigues demasiado
tu cuerpo de princesa, más útil y más noble
es irse acostumbrando a resistir.
Acepta golosinas de los desconocidos
(no está el mundo como para negarse)
pero apréndete esto en cuanto puedas:
más frecuente es lo amargo, que te ignoren,
y no los caramelos.
Te enseñaré a leer fuera del aula
y llegada la hora quiero que escribas “mar”
sobre los azulejos del pasillo.
Cuando cruces por fin la calle sola
sabrás que el riesgo y la velocidad
perseguirán tus días para siempre.
No creas que en el fondo no soy un optimista:
de lo contrario tú no estarías ahí
cuidando que te cuide como debo.
Como ves, desconfío
de quienes no veneran el asombro
de estar aquí, ahora.
Existe la alegría, pero duele;
tendrás que conseguirla.
Y cuando la consigas tendrás miedo.

(De El tobogán)


Mujer leyendo

Admirar es el verbo
que dice en su doblez
lo que despierta en mí tu quieta pose.
Esa misma doblez está en tus pechos
porque elevas el libro y lo sostienes
juntando bien los brazos, plegando la atención.
Me tienta imaginar el personaje
al que estás abrazando, en qué adjetivos
prefieres detenerte. Me entretengo
calculando la pausa, la cadencia
con que pasas las páginas: sonrío
al comprobar que eres una lectora lenta,
con rodeos de asombro o de pregunta.
Quién pudiera recibir de ti esos ojos
con el mismo deseo, con idéntica hondura.
Eres lo que hace falta. Belleza meditando.
Carne en su temblor y sus sintaxis.
Ese lugar en que la inteligencia
y la sensualidad se hacen un nudo.

(De Mística abajo)


Un tipo magnífico, “Andresito”, como le llamaba nuestro querido Viñals, a quien, por cierto, él dedicó su primer libro de poemas, "Métodos de la noche".

Un detalle: delante de mí, compró y pagó de su bolsillo el volumen donde Acantilado Ed. recogió toda su obra poética: “Década (Poesía 1997 – 2007)”, para regalármelo dedicado.

Gracias, Andrés, por tu presencia, talento y generosidad.

lunes, 17 de mayo de 2010

Paisanaje (8) Pascual



Alto y enjuto, con unos intensos ojazos azules y una tez morena tirando a aceituna, como de galán antiguo, de la que se hacían lenguas las mozas de la comarca (y no tan mozas: alguna viuditas y solteronas sin catar, entradas ya en severa menopausia, rondaban a su alrededor como perras en celo comiéndole la oreja a base de bien con ricas promesas carnales y monetarias), Pascual basaba su éxito con el sexo opuesto en su acreditada habilidad en las artes de Terpsícore, modalidad latina: el pasodoble, la cumbia, la salsa, el tango incluso (danza ésta de extrema dificultad y espectaculares y sensuales resultados), eran ritmos que dominaba con una cierta soltura cuando no con maestría, por qué no decirlo, que lo que es, es, y no hay más que hablar.

En los bailes domingueros y de festivos señalados un simple gesto, una mirada dirigida con intención al banco de las casaderas, o las ya sacramentadas por el matrimonio, que no era el Pascual de hacer muchos distingos por tan nimio motivo, le aseguraba la pareja deseada para bailar la pieza que estuviera sonando en ese momento. Fémina que no se molestaba en ir a buscar a su asiento como asonsejan la cortesía y las buenas maneras, no, sino que él esperaba en el centro de la pista, altivo y condescendiente como un monarca dispensando audiencia a la plebe u otorgando un favor largamente implorado. Pero no todo era de color de rosa, no vayáis a creer que el asunto era miel sobre hojuelas: exceptuando un par de acólitos que no se comían una rosca por méritos propios y que no se despegaban de su vera por ver de aprovechar los restos tal que las rémoras con los tiburones, tal que las moscas con la porquería, tal que los buitres con los despojos, los demás mancebos del pueblo se la tenían jurada (¡pero qué mala es la envidia!) y sólo esperaban una oportunidad a propósito para hacérselo saber a su manera. Que ya te puedes figurar cuál era, que por aquí no nos andamos con sutilezas, ni indirectas, ni pollas en vinagre. Que si hay que dar una hostia, pues se da, y si no, y por si acaso, pues también. Y que el Pascual atesoraba motivos de sobra pa recibirlas a pares estaba más claro que el agua, anda que no.

Una coplilla anónima que circulaba por el pueblo (Pascual, bailón, / déjanos alguna, mamón, / que las quieres toas pa ti / y aquí somos un montón.) podría haberle dado una pista fiable de por dónde iban los tiros, pero él prefirió no darse por enterado de la rima y seguir a lo suyo como si nada, tal era su soberbia.
-La poesía no es lo mío -se burlaba el muy imbécil sin barruntar ni de lejos que la chanza y la altivez son antesalas ciertas del desastre. Ni las veladas alusiones que en los sermones dominicales le dedicaba don Senén hicieron mella en su arrogancia. Pero como él no iba a la iglesia ni entraba en sus planes hacerlo nunca, todos aquellos avisos y señales que hasta un ciego hubiera visto, los echaba uno tras otro en saco roto:

-A mí, plin -decía, mordaz y guasón, sin sospechar que Dios Nuestro Señor, en su infinita sabiduría, castiga sin piedra ni palo. Aunque en este caso, como ya se verá, utilizó las dos herramientas, no te vayas a creer que se cortó un pelo con la justicia divina el de allá arriba.
Grave error en todo caso, Pascual, ignorar el runrún de los pueblos.

La verdad es que se lo puso a huevo, como se dice vulgarmente. Ensoberbecido por su éxito en el baile y las facilidades otorgadas por algunas en el escarceo carnal, aunque sin pasar a mayores, o sea, culminar como es de ley, tú ya me entiendes, en no habiendo papeles de por medio, Pascual, en su simpleza de miras, se figuró que todo el monte era orégano y que aquí atamos a los perros con longaniza: así que sin encomendarse a dios ni al diablo pasó a la segunda fase (ésta era, en realidad, su secreta estrategia) y empezó a explorar con un cierto disimulo, eso sí, que tonto del culo no era, pero cada vez con más descaro y osadía, lo que a la larga fue su perdición: los más dulces y hermosos y tiernos y secretos rincones de la rica anatomía femenina. Y allí fue donde, como también se dice más vulgarmente todavía, “la cagó”.

En el baile que cerraba las fiestas de la Patrona (para más inri, la Virgen de las Virtudes) y en presencia de todo el pueblo reunido en romería festiva, la bofetada que le propinó Victoria, la garrida hija de don Alfredo el notario, y la subsiguiente y escandalosa denuncia de los sucios hechos: -Me ha magreao las tetas, el tío asqueroso -berreó la Vicky imponiendo su voz de cazallera por encima de la música-, sonó como un toque de clarín al que acudieron, prestos y en manada como cabestros resabiaos, cual arietes al asalto de fortaleza medieval, tal que Séptimo de Caballería contra pieles rojas en auxilio de colonos, los gañanes envidiosos.

Cuando Pascual se percató de su error y de la absurda encerrona en la que se había metido por su mala cabeza y una concupiscencia mal entendida, cuando quiso buscar una escapatoria para lo que se le venía encima (la frente perlada de un sudor frío, la tez cerúlea como velón de entierro...), ya era demasiado tarde para una retirada honrosa.

Se cebaron con él. Menuda escabechina: la tunda que le propinaron aquellos mozancones todavía se comenta y se celebra: una ensalada variopinta de puñetazos, guantás con la mano vuelta y patadas a los riñones, aliñada finamente con mordiscos orejeros, pedradas a tutiplén y algún estacazo que otro que le dejó medio lelo y severamente tullido para los restos (arrastra desde entonces una singular y antiéstetica cojera que le impide lucirse en las pistas y su rostro aceituno nunca ha vuelto a ser el mismo), amén de que tuvo que salir por patas (bueno, es una manera de hablar, porque lo de andar, y no digamos ya correr, ni pensarlo en una buena temporada), y escoltado por los civiles, de las lindes del pueblo. Como un desterrao indeseable.

Ahora se le puede ver, cabizbajo y ojeroso (“Como abrazao a un rencor”, que dice el tango), todos los viernes y sábados por la noche custodiando la entrada de la acreditada discoteca Dancings.

Con razón dice que la cabra tira al monte.


Imagen: Willy Ronis

domingo, 16 de mayo de 2010

Cabras

14. Sin duda, la cabra tiene gran pericia para poner remedio a esa película blancuzca de los ojos a la que los asclepíadas denominan cataratas, y, según se afirma, los seres humanos han aprendido de ella el modo de curar tal enfermedad.
El método es el siguiente: cuando la cabra advierte que su vista se entorpece, se acerca a un zarzal y se hurga los ojos con una espina; dicha espina pincha la superficie del ojo, del que se desprende el humor, la pupila no queda sentida ni dañada y el animal recobra la vista, sin apelar a los conocimientos ni a las curas de los hombres.

Claudio Eliano
De natura animalium - Libro VII


Cabra
Yo soy el animal que te alimenta,
el que pace mansamente y espía
los desechos que te engordan,
y soy terca y poseo la astucia
necesaria para engañarte.

Mis pezuñas aman las crestas
y allí, desde las rocas,
te miro con desafío
proclamando independencia.

Voy a la muerte sin miedo
y antes de morir te dejo
mi orgullo en el corazón.

El tercero de mis estómagos
se llama, curiosamente, libro. 

Elías Moro
Casi humanos (bestiario)

sábado, 15 de mayo de 2010

Aparatos matafuegos



Hace unos días, directamente desde Barcelona y a través de mi amiga Leonor, llegó hasta mis manos un curioso libro que el próximo año cumplirá una centuria de edad:
Recetario Doméstico -Enciclopedia de las familias en la ciudad y en el campo- (Gustavo Gili, Editor, Barcelona, MCMXI), una compilación de "recetas para todas las necesidades de la vida" y todo tipo de situaciones hogareñas.
Compiladas por (transcribo fielmente) "el Ingeniero I. Ghersi y el Doctor A. Castoldi", encontramos en sus casi mil páginas anotaciones y remedios caseros sobre Adorno de la Casa, Substancias Alimenticias, Combustibles e Iluminación, Licorería, Animales Dañinos, Masillas y Cementos, Cristalería, Abonos...

Después de una cura de urgencia (venía herido por el tiempo y la incuria, con las pastas y el lomo con profundas heridas y cicatrices, que necesitó incluso de su paso por la UCI), y luego de una leve estancia en planta para su convalecencia, ya está en disposición de entregarnos sus secretos.




2539. Aparatos matafuegos. Para la extinción de incendios, se ha generalizado, de pocos años á esta parte, un aparato de forma cónica, especie de gran sifón metálico, en cuyo interior se produce una solución de ácido carbónico, con la cual, rociando el fuego en el momento oportuno, se consigue dominarlo rápidamente.
Dentro del aparato va contenida una solución de bicarbonato de sosa y en su parte superior una botellita de vidrio llena de ácido sulfúrico; mediante una palanca adecuada, se rompe la botella en el momento de usar el aparato, cae el ácido sobre la solución de bicarbonato y se produce el desprendimiento del gas carbónico, el cual cumplirá un doble efecto, esto es, dar presión para la salida del agua formando un chorro enérgico y ahogar la combustión por acción química.
Existen muy diversos modelos y sistemas de estos aparatos, que se van generalizando rápidamente.


Los números indican el orden de las entradas en el libro y se ha respetado fielmente la grafía de las mismas.

viernes, 14 de mayo de 2010

2 microrrelatos domésticos


Escoba 
Desde que tuve aquel percance, todo el mundo parece haberse puesto de acuerdo en que ya no soy el mismo. No les negaré la razón. Lo cierto es que a partir de ese momento adopto precauciones que rayan con la paranoia, cuando no me niego en redondo a realizar semejante tarea.
Pero es que cuando me puse a barrer por debajo de la cama y saqué la escoba, y solamente salió el palo de madera con marcas como de mordiscos, me dio un ataque de histeria. Por supuesto, el conjunto de cerdas de plástico azules y grises nunca apareció. Desde entonces, esta es la situación.
Y cuando mi mujer me dedica su mejor mueca de desprecio tildándome de cobarde sin decir palabra mientras me arranca la escoba de las manos y enfila el camino de nuestro dormitorio, albergo la secreta esperanza de que no regrese de la habitación y así sepa lo que es bueno.

 
Toallas 
-Un cierto olor a moho ha empezado a adueñarse de mi superficie. Hace días que voy de mano en mano sin consideración alguna y, entre sudores de unos y humedades de otras, mi elegante aroma a lavanda ha desaparecido por completo. Yo, que hasta hace nada era tersa y suave como una caricia, he llegado a un estado deplorable de lasitud y abandono. Tengo la horrible sensación de que en esta casa todo el mundo me falta al respeto, de ser usada como si mi vida les importase un pimiento. Incluso vosotras, que os decís mis amigas y con las que estoy todo el día de palique, me rehuís sin disimulo, con un mohín de asco.
Ayer, sin ir más lejos y ante mi ya lamentable aspecto, fui usada para lo más bajo que se puede caer dentro de nuestro gremio: para secarse los pies.

-La verdad, no sé de qué te quejas tanto -le dijo con su vocecita infantil su colega del bidé-; si yo te contara….

jueves, 13 de mayo de 2010

Economía

Imagen: EL Roto



Sueldo. Limosna legal del patrón para que no mueran de hambre los eslabones de su cadena productiva y entorpezcan, por este nimio motivo, su lucrativo negocio.
El monto de dicho sueldo, tras una absurda pantomima que recibe el nombre de negociación, suele venir recogido en un curioso documento denominado, pomposamente y por ambas partes, convenio.
Documento que, dicho sea de paso, el patrón suele pasarse por “el arco del triunfo” cuando le viene en gana, adquiriendo entonces la condición de "papel mojado". O "higiénico", a elegir.


Extorsión. Contrato suscrito entre un ingenuo y una corporación, sea ésta bancaria, inmobiliaria, industrial, mercantil, o de cualquier otra índole, y en el que una de las partes, siempre la misma, no falla, nunca sale bien parada.


Hacienda. Finca pública donde se localiza la cueva del tersoro de Alí Babá.
En cuanto a los ladrones que saquean sus arcas impunemente, yéndose de rositas, prefiero no manifestarme con respecto a su número porque me quedaría corto, seguro.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Vacas (2)




VACAS

Mi madre siempre tenía una vaca. Morena o Marela solían ser sus nombres más frecuentes. Tenía un carro para una sola vaca, y en él íbamos casi todos los días a un prado, cruzado por un regato que bajaba hacia el valle desde lo alto de la montaña. Aparecía y desaparecía entre juncos y zarzas, y se remansaba primero al pie de un pequeño vado y luego en la espesura del bosque. Creíamos que era un bosque fantástico: mi madre me decía que en su interior había pájaros misteriosos y una dama encantada que irrumpía desnuda, con un espejo en la mano, al atardecer. Decía también que en la parte más oscura había una manada de lobos. A veces se oía su aullido interminable.


Mi madre dejaba la vaca con el carro y recogía la hierba. Volvíamos a casa, y yo siempre iba entre los haces frescos. Me decía: “Si tienes miedo, canta”. Y yo cantaba lo más alto que podía. El eco de mi voz se multiplicaba. Cuando llegábamos a las primeras casas, me decía: “El miedo ya ha pasado. Deja de cantar”.

Mi abuelo paterno era tratante de ganado y albéitar, curandero de animales. A él le gustaban, sobre todo, los terneros. En una ocasión, nos trajo una pequeña becerra azafranada. Era preciosa y menuda, pero muy rebelde. Cuando iba a entrar en el establo, se revolvió, se zafó de la cuerda y se marchó a las montañas. Y allá fueron varios hombres y mi abuelo, y yo con ellos. La buscaron durante varias horas: por las minas abandonadas, por la explanada de guijarros, por la floresta tupida, en el arenal de la playa de Barrañán. Dieron con ella y regresaron lentamente a casa. Miraba a mi abuelo Jesús con los ojos preñados de emoción. Aquel hombre silencioso y firme era mi héroe. Cuando entró en la cuadra, yo iba detrás. Intentó escaparse de nuevo, pero no lo logró. Lo que sí hizo fue soltarme una coz terrible con sus primeras herraduras que me impactó en el pómulo izquierdo, muy cerca del ojo. Empecé a sangrar. Mi abuelo me cogió en sus brazos, me llevó a la cocina y me aplicó agua. Cuando vio que ya se me había pasado el susto, me dijo: “Siempre tendrás una historia que contarle a tus nietos. Esa señal la llevarás de por vida”.

Y es cierto, aún la llevo y le cuento a quien quiera oírme que una vez me pateó una ternera, que se hizo vaca y que llevaba el carro al prado. Mi madre, con un palo, la refrenaba al grito de “Amodiño, amodiño, Marela”. Despacio, Marela. Despacio.


Antón Castro




Je me souviens d´un fromage qui s´appelait "la Vache sériuse" ("la Vache qui rit" lui a fait un procès et l´a gagné).

(Ed. Hachette, París, 1990)
Georges Perec




Me acuerdo de un queso que se llamaba "la Vaca seria" (la "Vaca que ríe" los llevó a juicio y ganó).

(Ed. Berenice, Córdoba, 2006)
Trad: Yolanda Morató



Foto ordeño vaca: Andrés Deinum

martes, 11 de mayo de 2010

Me acuerdos - Emilio Pedro Gómez



De un tiempo a esta parte, tengo una estrecha, intensa y muy querida relación con un grupo de escritores aragoneses -gente magnífica y que sabe muy bien lo que se hace con la pluma o el teclado-: Cristina Grande, Fernando Sanmartín, Antón Castro, Miguel Mena, Javier Barreiro, Julio José Ordovás, Santiago Gascón… Casi todos ellos, de un modo u otro, han ido apareciendo -y lo seguirán haciendo-, por aquí. A casi todos he tenido la suerte de conocerlos personalmente. Quien no lo había hecho todavía es Emilio Pedro Gómez, ese tipo de la foto con pinta de tuareg bonachón, y a quien no conozco en persona a pesar de haber sido el primero en el tiempo.

Nuestro primer contacto fue a raíz de una curiosa circunstancia, de una hermosa casualidad: en el breve espacio de nueve meses -un parto-, y ya digo que sin conocernos de nada, tanto Emilio como yo publicamos sendos libros con el mismo título, “Me acuerdo(s)”, e idéntica temática: la memoria. Ambos en la estela de los archiconocidos libros homónimos de Georges Perec y Joe Brainard. Otro amigo común, Hilario J. Rodríguez Gil fue quien nos puso en contacto.

Aquel volumen mío era un totum revolutum, recuerdos anotados sin orden cronológico ni temático. El de Emilio sí estaba dividido en capítulos. Catorce, concretamente: costumbres, juegos, personajes, tebeos y canciones, lugares…

Abro esta selección de sus “Me acuerdos” -uno por tema- con la cita de José Manuel Caballero Bonald que encabeza su libro:
El escritor es su pasado
.


Me acuerdo del olor a gasolina que desprendía el rito de poner en acción un chisquero.

Me acuerdo de que la mano derecha de Franco, durante los sermones que nos echaba en Navidad, parecía trasplantada de un títere.

Me acuerdo de los paquetes de “Ideales” y “Bisonte” que nunca me atreví a desprecintar.




Me acuerdo de que el latín no era una lengua muerta. Se amontonaba en la liturgia, se sufría en las clases, se rezaba.

Me acuerdo de una vibración verde aquella vez que miré a Imelda.

Me acuerdo del reclamo penetrante del afilador. Animaba la calle su música, y el desnudo quehacer de su trabajo.




Me acuerdo de las peleas con espigas verdes de trigo haciendo diana en los jerseys.

Me acuerdo de la cansina tarea de quitarle las piedrecillas a una bolsa de lentejas.

Me acuerdo de que cualquier torero que se preciara tenía su pasodoble y película particulares.

Me acuerdo de que todo parecía preparado para encerrarnos a cal y canto en el catolicismo.

Me acuerdo de los baches, como volcanes naturales del asfalto.

Me acuerdo de las historietas de "Zipi y Zape". Los envidiaba. Sabían ser cobardes de una forma mucho más ingeniosa de cómo lo era yo.




Me acuerdo de que las niñas eran ángeles de carne y miedo.

Me acuerdo de que antes de recitar una poesía para Radio Popular de Astorga, tuve que hacer propaganda del “Chocolate Milagritos”.






Emilio Pedro Gómez nació en Astorga (León), si bien lleva más de tres décadas ejerciendo como profesor de Secundaria por las tierras de Aragón.

Su primer libro de poemas “Heridario”, publicado por Endymión, significó el alumbramiento de una poesía lúdica, espontánea y certeramente emocional.
En su segundo libro de poemas “Solamor”, nos muestra una visión lírica personal de la vivencia amorosa.
Su tercera entrega “Álbum de rotos” (Huerga & Fierro editores) recoge poemas a modo de instantáneas retrospectivas e introspectivas, que añoranza y misterio, infancia y muerte, delimitan.
Posteriormente obtuvo el premio “Isabel de Portugal” (Diputación de Zaragoza) por su poemario “La nieve horizontal de los vilanos”, en el que, a través de la blanca mirada de su madre, se adentra de puntillas en los parajes desolados de la demencia senil.
“Me acuerdos”, recupera setecientos instantes aparentemente banales, que al ser comunes para la gente cuya infancia y adolescencia transcurrió en las décadas del 50 y 60, configura -tal vez sin pretenderlo- un lírico paisaje de la educación sentimental de una generación.
En el poemario “Sílabas blancas”, fiel a su expresivo manantial de emociones, retorna al misterio de su madre invadida de olvido.
En “Haikus de la casa” (Editorial Eclipsados) deja clavadas domésticas mariposas del instante, leves muestras del aliento secreto de las cosas.

lunes, 10 de mayo de 2010

Ángel Campos Pámpano, maestro y amigo

Para Carmen, Paula y Ángela.



Ángel Campos Pámpano hubiera cumplido hoy 53 años. En algún momento de este día hubiera recibido mi llamada para darle un tirón de orejas, un abrazo desde la distancia, y también para recordarle que seguía siendo casi tres años más viejo que yo, él, que era tan coqueto.
No podrá ser: su muerte impide las llamadas: mas no su memoria, el eco de su voz, su constante presencia en mi vida.

Conocí a Ángel apenas un año y medio después de mi llegada a Extremadura. No recuerdo la fecha exacta, pero en todo caso sería en los meses finales de 1983. Lo único que yo tenía por aquellas fechas era una difusa vocación literaria -acaso esto sea un tanto pretencioso, digamos que me gustaba mucho leer y que de vez en cuando perpetraba poemas sin ton ni son-, pero escasos conocimientos de la materia por la que sentía una inexplicable pasión.

Conocer a Ángel lo cambió todo para mí; justo desde ese momento, él se erigió en mi maestro, mi mentor, me mostró el camino a seguir con sus atajos y dificultades, me tomó a su cargo, como suele decirse. Desde sus manos llegaron hasta las mías escritores de los que jamás había oído hablar y que se han convertido en imprescindibles, lecturas y obras de otros autores que me prestaron sus versos o sus párrafos para que yo intuyese la materia y la maestría de que estaban hechos.
Durante años fue cotidiano mi peregrinaje vespertino hasta sus casas en Mérida -en la Travesía de La Rambla, en la calle Morerías-, más que nada para empaparme de sus palabras y su sabiduría poética y vital. Casi siempre salía de allí con al menos un par de libros en la mochila; libros que, en el plazo tácito de una o dos semanas -más o menos, aquí había una cierta flexibilidad tácita-, yo le devolvía ya leídos. Comentábamos aquellos libros y, según su gesto, ya podía yo sospechar si su lectura me había supuesto algún enriquecimiento. Me hacía ver mis muchos errores, mis pocos aciertos, con una inusual sinceridad -no era dado al elogio gratuito que tanto halaga los oídos y tanto socava- y, al tiempo, con una delicadeza que nunca podré olvidar.
Sin pedir nada a cambio, sin tributos ni peajes, fui acogido en su vida con una generosidad digna de mayores empeños que el de enseñar a un casi iletrado, dio sentido a la palabra amistad.

Gracias a él conocí también a algunos de quienes también se han convertido en magníficos amigos -que me perdonen los demás, que saben que también los quiero, pero quiero citar aquí expresamente al pintor Javier Fernández de Molina, casi otro hermano para él, y con quien creó algunos de los más bellos libros -Cal i grafías, Toros, Por aprender del aire...- que uno ha podido contemplar-, aquellos que también le lloran todos los días desde entonces.
Poeta -La ciudad blanca, Siquiera este refugio, La voz en espiral, De Ángela, Como el color azul de las vocales, La semilla en la nieve (una estremecedora y bellísima elegía escrita a raíz de la muerte de su madre y que le dejó desolado largo tiempo), La vida de otro modo…-, traductor -Fernando Pessoa, Carlos de Oliveira, Sophia de Mello Breyner, Eugenio de Andrade…-, editor -Los Libros del Oeste-, profesor en diversas localidades extremeñas y en el Instituto Español de Lisboa, director literario -Espacio/Espaço Escrito, Hablar/Falar de Poesía, fundador de las Aulas Literarias en Extremadura…-, su extraordinaria labor en la difusión de la cultura, su entusiasmo en promover y llevar a cabo actividades relacionadas con la literatura y la poesía, su incansable trabajo de gestión en el hermanamiento entre España y Portugal a través de su faceta de traductor, su propia labor de creación poética, son hitos en la historia literaria de esta Extremadura donde tuvimos la suerte de conocerle.

Su temprana y casi súbita desaparición hace un año y medio, justo cuando estaba en su mejor madurez intelectual y poética, me ha hecho perder del todo el respeto a la muerte. Esa muerte a la que, por su empeño en llevarse siempre a los mejores antes de tiempo, sólo puedo calificar de inepta además de injusta.

En sus poemas y en las miradas de Carmen, Paula, Ángela nos queda lo mejor de Ángel.

Gracias eternas, “Pámpano”.

Como recuerdo de su memoria, dejo aquí el poema más doloroso de cuantos he escrito, el poema que nunca me hubiera gustado escribir.

Fue publicado en el número extraordinario de homenaje de la revista Espacio/Espaço Escrito que él fundó y dirigió hasta su muerte, y leído por primera vez hace apenas unos días en el I.E.S. "Eugenio Futos" de Guareña, donde Ángel trabajó unos años en los ochenta, y donde Ana del Mazo ha organizado unas jornadas para recordar su paso por allí.

Poema con Ángel

y mañana no estarás;

como quien es esclavo de un destino que se le ha impuesto,
como cuando exagero el dolor para ver si alcanza al dolor que siento,
como un gusano horadándome el pecho y las manos,
mañana no estarás

mas sí, para siempre en la memoria, ese verso que me mostrabas
sobre lo excesivo de una estatua en la ciudad que aprendí a amar a lo lejos
mientras tu escribías sobre do Carmo y yo enredaba en tus estantes
robándote libros a plazos semanales

porque uno nunca sabe qué hacer con la muerte,
dejarla inerme a los pies, enterrarla bajo una capa de olvido,
ahora es este quedarme aquí tan solo,
pensando en la alta alegría del poema
de haber podido caminar a tu lado

ahora, fiebre y dolor, no soy más que lo que dejaste atrás;
estos versos apenas si contienen
el aliento de tu voz rotunda,
tu amistad sin aristas ni dobleces

(tú has dicho mi nombre
con tu letra,
con tus labios,
con tu abrazo)

ahora, desamparo y tristeza, ya sabes que la muerte era eso:
apenas unos gramos de ceniza sobre el agua,
al pie de un árbol en la frontera,
entre la mirada entre perpleja y errática de los amigos
y el llanto inconsolable de las hijas

herido por el hombre, este tiempo de errores y tropiezos
se desquita con la inquina de los mediocres

qué sola se queda
-ahora sí-
la casa de la madre

domingo, 9 de mayo de 2010

Cementerio Alemán (2)


Ayer sábado, durante el Día del Bibiófilo, celebrado en el marco de la Feria del Libro de Almendralejo, se homenajeó a Santiago Castelo, presidente de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes y subdirector desde hace años del diario "ABC".
Poeta de extensa y dilatada trayectoria, José Miguel Santiago Castelo es también alguien muy cercano y querido, uno de esos rara avis que pueden considerarse profetas en su tierra.

Mi manera de sumarme a ese merecido homenaje, es publicar este hermoso poema de su autoría, incluido en su libro Quilombo (Editorial Point de Lunettes), agregándolo a esa antología en marcha en esta ventana sobre el Cementerio Alemán de Yuste.
Por este libro, Santiago Castelo fue galardonado con el "Premio Extremadura a la Creación" en 2009.

Enhorabuena, Santiago.



HUERTO DE CRUCES
(Cementerio alemán de Yuste)

Para Antonio Gallego y Gallego

“Tiene la muerte una medida exacta”.
Álvaro Valverde

¡Qué silencio en la suave mañana del otoño!
El aire se ha parado sin clave de derrota.
Canta un pájaro al fondo y en la sierra florece
la barba encanecida del César moribundo.
Aquí quedan sus nombres en la medida exacta,
tan lejos de su tierra, tan cerca de su sino
y nadie sabe cómo ni para qué murieron
cuando aún eran jóvenes y hermosos y soldados...
Héroes desconocidos que quizás nadie evoque
en el reloj perdido de la vieja Germania,
aquí habéis encontrado una cuna de olivos
con viñedos dorados y castaños de sombra.
Que nadie nos pregunte por vuestra historia herida,
dormid, rubios soldados, en la paz de este huerto...
También hasta aquí vino, al lado de esa tapia,
a morir el que fuera Emperador del mundo.
Sólo queda el silencio y el pájaro que aún canta
y hay un suspiro hondo en la zarza desnuda
evocando una Europa que quizás nunca exista...
Aunque siempre nos quede vuestra muda palabra.

Santiago Castelo


Foto de Santiago Castelo: Alonso Gil, Diario "Hoy".